Bienvenido a la pequeña comunidad de Navarra situada en el extremo occidental de los Pirineos y llena de contrastes donde, en 100 kilómetros en línea recta, encontrará el bosque del Irati, que evoca la atmósfera de un cuento de hadas nórdico, y las estepas de las Bardenas Reales, con sus altos cerros pelados que parecen sacados del espacio subsahariano.
Navarra ocupa un territorio de 10.421 km2, desde los escarpes de la cordillera pirenaica hasta las llanuras abiertas y soleadas del valle del Ebro, y está formada por tres grandes regiones: Montaña, Zona Media y Ribera, cada una de las cuales está dividida en otras comarcas menores, hasta un total de siete, con rasgos bioclimáticos diferenciados.
Al paso de las transformaciones del paisaje cambian también, la arquitectura popular, el urbanismo de las poblaciones, la agricultura y ganadería, la gastronomía y el folclore, y todas estas mutaciones hacen de Navarra un mosaico abigarrado y sorprendente.
La Comunidad Autónoma de Navarra es paso entre la Península Ibérica y Europa continental. Limita al norte con Francia a través de 163 kilómetros de línea fronteriza, al sur, linda con La Rioja y Zaragoza; al este, con Huesca y Zaragoza, y al oeste con Guipúzcoa y Álava.
Los viajeros que han estado en Navarra tienen siempre más de una razón para volver. Unos, porque han dejado sin visitar algún rincón de interés; otros, porque quieren saborear de nuevo un plato propio de nuestra gastronomía o porque han disfrutado como nunca en una fiesta popular o han encontrado un paisaje irrepetible. Las razones son diversas pero el impulso es el mismo.
Con esta guía nos proponemos ayudarle a conocer
mejor Navarra y a disfrutar más de su viaje. Esperamos que nuestras recomendaciones le sean útiles. El viajero encuentra sobre el terreno un amplio servicio de puntos de información, folletos y guías de viaje que facilitan la visita y el disfrute de la estancia.
En Navarra, el visitante encuentra un entorno natural extenso, bien conservado y de una gran variedad de ecosistemas que forman uno de los conjuntos más ricos de la Península. Las actividades de la sociedad agrícola y ganadera tradicional han mantenido el equilibrio con el medio y hay vastas zonas de bosque y ríos en las que el excursionista queda a solas con la naturaleza, a pesar de la relativa cercanía de las áreas pobladas.
Navarra ha conservado su personalidad diferenciada y sus instituciones de autogobierno desde el siglo XI. Fue en origen un reino medieval surgido de la lucha contra los musulmanes, como los demás reinos peninsulares. En la Edad Moderna, fue incorporado a la corona de Castilla, aunque conservó sus leyes propias (fueros) e instituciones diferenciadas. Una parte del viejo reino quedó en territorio francés en la llamada Baja Navarra que los navarros peninsulares llamamos la Sexta Merindad o Ultrapuertos. En la actualidad, Navarra es una Comunidad Foral en el marco de la Constitución española de 1978.
En Navarra se hablan dos lenguas, el castellano y el euskera o vascuence, y ambas son oficiales. La primera, en todo el territorio y la segunda, en el cuadrante noroccidental de la Comunidad, que es la zona vascófona.
Los frutos de la tierra y una tradición culinaria que hace de la comida un acontecimiento social de primer orden han dado justa fama a la gastronomía de la región, donde todo se celebra alrededor de una mesa bien servida: encuentros familiares, romerías y fiestas, y reuniones de amigos en las sociedades gastronómicas.
Los menús combinan los sabores fuertes y texturas grasas con platos de paladar suave y bajos en calorías. Chilindrones, estofados, legumbres y caza alternan con menestras, ensaladas y pescados. La bodega está formada por tintos, rosados y blancos de la tierra, con denominación de origen propia y creciente presencia en los mejores restaurantes del mundo.
La fiesta de los Sanfermines está en el centro de la constelación festiva de Navarra. El deslumbramiento que produce esta fiesta de universal atractivo deja en la sombra el notable patrimonio folclórico de la región, muy abundante y a menudo entrañable, donde casi cada pueblo tiene una celebración de rasgos diferenciados.
En el mundo rural, las fiestas y tradiciones han cambiado al mismo tiempo que la sociedad tradicional. Algunas manifestaciones han desaparecido, pero otras se han recuperado con renovado vigor cuando casi estaban extinguidas y aun otras han sido creadas recientemente para satisfacer nuevas sensibilidades culturales. Las fiestas expresan bien dos rasgos característicos de la sociedad navarra: su dinamismo y su apego a las raíces.
Los deportes relacionados con la montaña y el aire libre constituyen lo más relevante de la oferta de entretenimiento de la región, durante las cuatro estaciones del año. A su vez, las ciudades y pueblos muestran, además del atractivo de sus fiestas y de su patrimonio histórico, un comercio pujante y un alto nivel de vida que permite decir que en Navarra se pasa bien.
Todo ello en una comunidad que ofrece altos indicadores de nivel de vida y está dotada de una amplia estructura de establecimientos hosteleros y de una tupida red interior de carreteras que permite llegar cómodamente a cualquier punto de su geografía.